lunes, 1 de noviembre de 2010

Niebla

Me gusta la niebla. Me gusta la sensación que deja en las pupilas, en la garganta, en la piel...y en el alma...

Sobre todo, la sensación que deja en el alma. Una sensación de que todo y todos estamos conectados, y a la vez, separados. Los límites se difuminan y pareciera que se pudiera ir al infinito y más allá, cabalgando sobre ella. Y sin embargo, nada está tan separado de nosotros, como cuando hay niebla.

Te deja sin la certeza. Te deja con la ambigüedad. Con el misterio. Y es eso lo que me atrae. Obligados por nuestro mundo a buscar la certidumbre, nos olvidamos del misterio. Nos aterra la incertidumbre. Y vivimos obligados a buscar y tener todo bajo control. Todo planificado. No hay espacio para la magia y el misterio.

Y a mí, como rebelde, me atrae todo lo prohibido. Todo aquello que vaya en contra de lo estipulado. Todo aquello que escandalice y que de miedo. Todo aquello que esté fuera de la normalidad y de la norma. De lo planificado y controlado. De lo certero.

Siempre, cuando hay niebla, salgo de mi guarida, a la luz de la luna, a invocar el misterio. A cultivar la intuición. A ver dónde me lleva esta vez.

Y me entrego sin condiciones, rendida a la aventura. Y entonces, sueño.

Sueño que la niebla se convierte en un caballo blanco que me lleva lejos, muy lejos, allá donde yo, dejo de ser yo. Donde los otros, dejan de ser los otros. Y somos todos la misma cosa.

Una sola cosa...una niebla que se extiende por los confines del mundo...y poco a poco se disuelve en él...para llegar a no ser...otra cosa más...que el propio mundo...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Fundirse en la niebla, dejar que se desintegren los límites que nos contienen, ser todos y no ser uno.

Nada más apropiado para la noche cuando la frontera entre la vida y la muerte se disuelve, y se abre un resquicio de la puerta que mantiene encerrado el caos del que surgimos. Una totalidad sin reglas, sin orden, que no deja de atraernos. Es el abismo asombroso y aterrador que nos promete la liberación.

¿Me arrojo? ¿Salto al vacío? Me siento capaz de volar, de hundirme en la nada y emerger siendo todo.

Fascinado por la posibilidad de la fusión de mi ser con el resto de mí, hago oscilar mi cuerpo sobre la punta de mis pies. Una vez. Y otra. Otra vez más... Más ampliamente en cada vaivén. Confiado me mezco en los límites que se van difuminando más y más...

A.

Álvaro. dijo...

Muy buen artículo!!
Son muy pocas las personas que dejan lugar al misterio en sus vidas, provocado muchas veces por miedo al fracaso, a la incertidumbre, por la inseguridad de que lo que puede venir sea "peor" de lo que hay.
Muestra valentía el estar abierto a lo desconocido, a lo diferente, disfrutar,ansiar, lo que está por venir.
Un abrazo,Álvaro.

Electra dijo...

Qué seria de nosotros sin el misterio...
...gracias Álvaro...