domingo, 6 de febrero de 2011

Curiosidad

Hoy he salido de mi guarida a ejercitar mi curiosidad, movida por ella.

Paseando lentamente, mis ojos se posaban en las miradas de los demás. En los gestos de los demás, y mis oídos se hacían eco de sus voces y sus palabras. Alternaba la estrecha observancia de los demás, con la mía propia. Y entre medias, mi curiosidad viajaba ávida hacia rincones inhóspitos de esa realidad urbana que se nos ha hecho cómoda.

Y mientras posaba mis ojos, mientras ejercitaba mis oídos, mientras mi curiosidad viajaba rauda por territorios in-explorados, mi conciencia de ser humano, mi conciencia de identidad, se transformaba.

Era ésta, una transformación silenciosa, una bomba de profundidad, que sin hacer ruido, pero sin pausa, entraba en todos mis niveles de conciencia y los alteraba, transformándome, a cada instante, en algo que era yo, pero no era yo.

Y mi curiosidad vagabunda, aunque entrenada en la observación de mí misma, no se daba cuenta de la transformación hasta que ésta había tenido lugar.

Mi curiosidad, arte y parte de semejante transformación, quería un día, alcanzar a detectar el instante preciso en el que, por causa de ella misma, yo dejaba de ser el yo conocido, para dar paso a otro yo, en parte desconocido...o no...

Porque mi curiosidad argumentaba, con cierta razón, que esa parte desconocida estaba causada por ella misma, y por tanto, no era desconocida, sino poco observada. Y si un día lograra detectar el instante mismo del cambio, entonces el desconocimiento sería conocimiento.

Mi curiosidad, obsesionada y obsesiva, me sacaba a menudo a pasear, a observar, a captar y robar las miradas de los otros, las palabras de los otros, los gestos de los otros, queriendo pretextar que, en la medida en que yo fuera capaz de aprehender a los demás, así sería capaz de aprehenderme a mí misma, facilitando la detección y comprensión del instante de cambio.

Y yo, movida por mi curiosidad, me entregaba afanosa en esa búsqueda sin fín. En esa necesidad de encontrar el instante de cambio, el registro de la transformación, el principio de mi yo completo.

Y así salgo a la calle, desde hace mucho tiempo, a pasear vagabunda, entre los demás, dentro de mí misma, recorriendo infinitos paisajes y geografías, llevando en el alma, la semilla de mi curiosidad, con la esperanza de completarme...en un instante...de...curiosidad...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es maravilloso mantener despierta la curiosidad, porque, a pesar de la experiencia del gato, para mí supone una fuente y signo de vitalidad.

A.

Electra dijo...

Hola A., me dejas un poco sorprendida, porque no sé muy bien cuál es la experiencia del gato...¿que lo mató la curiosidad, quizá?...

Anónimo dijo...

Claro, aunque nunca he sabido muy bien la razón de ese dicho... Sin embargo es coherente con aquello de que los gatos tienen siete vidas, que la curiosidad necesita de muchas para ser siquiera un poco satisfecha.

En cualquier caso siempre he querido pensar que viene de aquel gato que perdió su vida por la curiosidad del científico que abrió la caja que lo mantenía en vilo. ¿Quizá a veces sea menos dañino mantenerse en la duda? No lo creo, además alguna vez tras abrir la caja puedes encontrarte al gato vivo y ronroneando.

A.

Anónimo dijo...

Cuando algo o alguien avisa y entra en la conciencia del Ser Humano, siempre cambia de alguna forma su identidad. Como tú dices, Electra, en algo que eres... pero que no eres.
Lo que eres lo conoces.
Lo que no eres, lo conocerás en el punto que se produzca el cambio.
Solo que como ese cambio se produce en tu conciencia, es tu conciencia solamente la que se va a ver afectada. Con lo cual es fundamental que si algo tienes que saber, lo aprendas de tí misma, sin averiguar más.
Y cuando tu conciencia decida que ya eres lo que no fuiste antes, o no quisiste ser... En ese momento te comprometerás a completar aquello por lo que naciste, y que entonces no pudiste o no quisite averiguar ni saber.

Rocío del Alba
21 Febrero 2011