domingo, 22 de mayo de 2011

Lo adquirido

He estado tiempo buceando en las profundidades,sin escribir, y de repente, me asaltó un pensamiento. Tiene que ver con lo adquirido. Con lo que parece parte de mí, pero no lo es. ¿O sí?.

¿Cuál es la parte de nosotros mismos que es genuina?. ¿Cuál es la parte adquirida?. ¿De qué depende que nos movamos por el mundo con una o con otra?.

Si hiciéramos caso a algunas teorías, entonces nos movemos siempre con lo adquirido, con lo que no es genuino nuestro. Y el trabajo de conocerse a uno mismo, significaría desprenderse de todo lo adquirido, hasta encontrar aquello que es genuino nuestro.

Y parece que lo genuino siempre es bello.

Yo, discrepo.

Sobre todo de lo último.

Hay personas que, por mucho que se desprendan de lo adquirido, no son bellas. Son maldad. Son odio. Son, simplemente, eso. Y eso también hay que aceptarlo. Por mucho que duela. Por mucho que nos gustaría que la verdadera esencia de todos fuera bella, fuera buena. Es una bonita aspiración, pero errónea.

Porque si fuera así, no habría equilibrio.Si fuera así, no podríamos distinguir lo bello, porque no distinguiríamos lo opuesto, y a fuerza de ver siempre lo mismo, terminaríamos por no saber apreciar la belleza. La belleza existe porque existe su contrario, porque existen las diferencias, en la naturaleza, en la vida, en el universo.

Vamos por la vida cubiertos de lo adquirido, ocultando nuestra esencia. A veces, a algunos se les ve más, a otros no se les ve. Y muchos somos ciegos a la nuestra. Creemos que somos lo que adquirimos, tan pegados estamos a ello.

Pero, yo, me pregunto. ¿Si mi conciencia de ser yo, tiene que ver con lo adquirido, qué me pasará si atravieso lo adquirido, si me libero de alguna forma de ello?. ¿Seguiré siendo yo misma?. ¿Qué le pasará a la conciencia de mí?, ¿cómo advertiré que yo, sigo siendo yo, de alguna manera?.

Y aunque pueda entender que sea mejor liberarse de lo adquirido, me sigo preguntando...¿qué es lo que me define?, ¿qué es lo que define la conciencia de mí, como persona que vive y que se presenta y está en el mundo de alguna manera?. ¿No es lo adquirido, puesto que la esencia, muchas veces, ni siquiera tenemos conciencia de ella?. ¿Mejorará mi relación con la vida, con el mundo, con las personas?.

¿No sería mejor dedicarse a vivir, olvidando profundizar, olvidando la conciencia de uno, olvidándolo todo?. Entregarse a la vida, sin más, sin esperar nada, sin pretender nada, simplemente ser...¿es eso tan difícil?...

...¿es eso...lo adquirido...?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querida Electra:

Como siempre, tu escrito presenta un notable interés...teórico y escribo los puntos suspensivos porque no creo que sea posible diferenciar lo "genuino" de lo adquirido. ¿Sabes cómo hacerlo? ¿Has leido algo que diga cómo llevar a cabo esa diferenciación? Naturalmente, podemos hacerla diciendo "esto es genuino, esto no". Pero eso no deja de ser un voluntarista salto en el vacío, básicamente arbitrario.

Actuamos y nos movemos en el mundo con todo lo que somos, genuino o adquirido, y ambas categorías, indisolublemente unidas, entran en la configuración de nuestra conciencia y percepción de nosotros mismos. Es absurdo e irrelevante pensar, por poner un ejemplo, "la educación me hizo ser de derechas, pero, en el fondo, soy de izquierdas" ¿Cómo se puede asegurar eso? ¿En qué se puede uno basar? Y aunque así fuera, ¿cambiaría eso algo?

No es posible llegar al que pudiéramos llamar -en línea con tu escrito- nuestro "yo genuino". Somos lo que somos de una pieza y tratar de diferenciar esos dos componentes (si es que existen) es labor estéril.

No estoy conforme con que nos gustaría que nuestra esencia fuera lo bello, por más que algún afamado pensador defendira eso. A mí no me gusta. Nada hay peor que el universo gris, todo igual, y ahí coincido contigo.

NO podrás nunca atravesar lo adquirido y, en este sentido, no te pasará nada.

Por otra parte, vivir olvidándolo todo, como te preguntas, sería relegarnos a una triste condición, la de cualquier otro ser viviente.

Y es que, mi querida Electra, todo tu discurso -este y otros- lleva siempre al mismo sitio,a la misma pregunta, alrededor de la cual giras en tu esplédido cavilar.

Anónimo dijo...

¿Equilibrio?
La existencia de contrarios es indudable y si buceamos en busca de nuestra esencia nos encontraremos no con la pureza sino la mezcla. Porque no es que haya bueno y malo, bello y feo, sino por siempre habrá una combinación de las tres.
Y eso no es fuente de equilibrio. No. Produce todo lo contrario, el perpetuo, bendito y maldito desequilibrio que caracteriza la vida. Es este desequilibrio el que hace que la vida transcurra, el que provoca que la mariposa bata las alas y el trueno nos sobrecoja. En equilibrio nada sucede, y querer mantenerlo es vano.

¿Esencia?
Y aún así, si buscamos la esencia de nosotros mismos, ¿qué podemos encontrar? Quitamos la primera capa, ese barniz que adquirimos el año pasado. Luego nos empleamos en la siguiente, de un tono más oscuro, producto de más años vividos, para después tener que enfrentarnos a una ya endurecida, más gruesa, producto de lejanas experiencias. Sentimos que nos acercamos, que la próxima, más interna, negra y sólida como una piedra, creada con nuestros primeros pasos será la última, aun sabiendo que será la más ardua en disolver. Y podemos presentir que ahí dentro se encuentra nuestro verdadero ser, que el viaje iniciado hace tanto tiempo tendrá un final. Pero, ¿hay verdaderamente algo ahí dentro? ¿Dónde se encuentra el corazón de una cebolla? Nos desprendemos de capas y capas en busca de nuestro verdadero yo, pero ¿acaso existe? Yo no lo sé. Pienso que hay algo esencial en nosotros, pero quizá sea parte de la materia con que nos creamos. Como el agua con la que se aglutina el cemento, la piedra y el acero proporcionados por la vida, y con cuyo conjunto nos forjamos. De tal forma que en cada capa que nos desprendemos se va parte de nuestro verdadero yo.

¿Síntesis?
Me quedo con vivir la vida. Cabalgar el desequilibrio de la vida, siendo lo más conscientes de nosotros mismos, aprendiendo quienes somos, pero para después olvidarlo, dejando que la vida fluya. Aunque ésta sea la tarea más ardua.

A.

Electra dijo...

Querido A.
disiento, disiento, disiento...en el desequilibrio...si acaso, estamos en equilibrio inestable, pero siempre, todo rastro de vida, es porque se produce equilibrio...sin el equilibrio, iríamos al máximo desorden, a la máxima entropía, y entonces, no habría nada que permaneciera unido, que permaneciera formando una unidad independiente, todo estaría por ahí, desordenado...o...no?...

Anónimo dijo...

Uummm.. Disientes por tres veces. Eso es mucho disentir.

Dices que la vida es equilibrio, aunque sea inestable. Pero aún sin saber muy bien cómo surge la vida lo que sí es seguro es que mantenerla supone un constante esfuerzo. Respirar, alimentarse, descansar, es un continuo trabajar para seguir viviendo, para mantener las islas de orden, de menor entropía, que somos. Un equilibrio inestable, pero mucho. Tanto que para mí es desequilibrio. Yo me lo imagino como el suplicio de Sísifo, empujando la roca ladera arriba sin llegar nunca a la cima, y que en cuanto cejas en el empeño te arrolla llevándote hasta el abismo. El final, por mucho que hagamos, está abajo.

Sin embargo, cuando reflexioné sobre la vida como desequilibrio pensaba más, como contraposición, en una situación de equilibrio donde nada se mueve, nada cambia ni evoluciona. Y eso para mí es más propio de la muerte que de la vida. El hambre, la sed, la curiosidad, todas nuestras sensaciones y emociones, se producen gracias a un desequilibrio momentáneo que nos empuja en un sentido. Sin él nos quedaríamos sentados, sin mover un dedo, y la roca nos arrastraría al precipicio.

En un equilibrio inestable puedes no hacer nada y no perderlo. En la vida, si no haces nada, mueres.

A.