domingo, 14 de noviembre de 2010

La noción de mí

Casi desde que tengo uso de razón, he tratado de mirarme a mí misma. Mirarme por dentro, no por fuera. Mirar dentro para descubrir quién soy. Para tener una noción de mí. Una noción de mí que difiere de la que tienen los demás.

Porque los demás no pueden ver dentro de mí, al igual que yo no puedo ver dentro de los demás. Y sin embargo, todos estamos, quien más o quien menos, prisioneros de las nociones de nosotros mismos que construyen los demás.

De nada servirá que tú digas: "yo no soy así". Eres así, porque los demás dicen que eres así. Y si no eres fuerte, firme, y pleno conocedor de tí mismo, entonces, llegarás a perderte en esa noción de tí. La externa. La construida por los demás.

Por eso, desde que tengo uso de razón, miro dentro de mí. Para construir la noción de mí que más se aproxima a quién soy de verdad. No la que los demás quieren, dicen, desean, o esperan que yo sea. La que soy. Sin más miradas que la mía.

Y en ese mirar mío, lucho todos los días. Para encontrar la mirada honesta. Para dejar de lado la mirada de la imaginación, la mirada amable. Porque la mirada honesta duele. Muchas veces. Cuando encuentro mis sombras. Cuando encuentro mis recovecos. Cuando encuentro mis huecos. Cuando encuentro todo aquello que no tiene cabida en la mirada amable.

Y en esa lucha, muchas veces, descubro, que, cuando cansada, dejo de luchar, viene la aceptación. Y después de la aceptación, la posibilidad de cambio. La posibilidad de intervención.

Y entonces, la noción de mí se modifica. Evoluciona. Crece. Hacia otra noción de mí, por descubrir. Por intentar. Por construir...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Nosotros somos un proyecto formado por dos partes:
1 Lo que se ve por fuera.
2 El interior que no se ve.
Y que no tiene nada que ver uno con otro.
La opinión que tienen los demás de mí, es la que yo quiero que tengan y la que les he permitido tener. Pero en la mayoría de los casos, no se acerca para nada a la verdadera, a la que en realidad es.
Toda persona por el hecho de ser humana tiene dos realidades, la que es y la que parece ser. Y también creo que como no se parecen ninguna de las dos, se puede vivir con las dos acopladas, exhibiendo en cada momento la que más te interesa, salvaguardando los "papeles" que le correspondan a la otra.
Lo único que tengo que hacer es acoplar esas dos realidades y saber, o aprender a vivr con ellas juntas. Y a no preocuparme por lo que los demás vean o dejen de ver en mi. Crean o dejen de creer de mi.
Para lograr esto no hace falta bucear ni pelearse contra ti misma. Si no te vas a pasar la vida en esa contienda y restarás posibilidades a otras situaciones de la vida más agradables o más importantes de ver.
Uno es honesto o miserable desde que nace (según mi forma de ver), y eso no se cambia, o es muy difícil de cambiar. Por lo que no se encuentra casi nunca, aunque se busque desesperadamente.
Y ya por último si les diré que yo estoy muy feliz de ser como soy, y no trato de cambiar nada de nada en mis realidades. Lo que los demás opinen de mí, la verdad no me importa. Y los que descubran esas dos realidades en mi persona...¡Han tenido mucha suerte!.
Acabo diciéndoles que esto no tiene nada que ver con la personalidad. Eso es una cuestión bien diferente.


Rocío del Albs
21 Noviembre 2010

Anónimo dijo...

¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo de verdad?

Es una cuestión peligrosa, y ahora creo que hay que abordarla con cuidado y mucha flexibilidad, porque pienso que no tiene una respuesta clara y única. El camino que abre es muy valioso, pero considero que no tiene fin, y centrarse en llegar al final hace que perdamos las maravillas que se nos aparecen en cada paso dado.

Y es que no estoy seguro de que haya un Yo ahí a lo lejos, un Yo definido, inmutable y eterno, esperando a ser descubierto. Pero sobre todo no creo que ese Yo pueda desligarse del resto del mundo, del resto de Yoes que me rodean.

Supongamos que nacemos, y nos crían aislados, en busca de nuestra prístina personalidad, la original, la que mostraríamos si no estuvierámos influenciados por todos los que nos rodean, sin sus opiniones de nosotros y nuestro deseo de ser aceptado por ellos. ¿Aparecería nuestro Yo auténtico? ¿Seríamos siquiera humanos? No, somos humanos por convivir con humanos.

Somos lo que somos fruto de la gracia de los que nos han críado y con los que hemos crecido. Y eso a veces, es una desgracia. ¿Hay un Yo debajo de todo eso? ¿Tengo un Yo oculto tras mi historia personal, un Yo que pugna por salir, que ha sido reprimido y anulado? No lo creo. Pero sí estoy convencido de que puedo re-crearme a partir de ese Yo para ser otro Yo.

Pero es un trabajo descomunal. Significa primero ser conscientes del Yo que somos en un momento dado. Pensar sobre él, reflexionar, y decidirse a probar otro modo de comportarse, otro modo de pensar, otra forma de ser. Y cada uno de estos pasos es más difícil y doloroso que el anterior. Porque podemos damos cuenta del tiempo que hemos vivido siendo un Yo que nos ha hecho sufrir, y ahora nos disgusta y hasta nos repugna.

Yo me cuestioné en su momento mi Yo, primero tratando de comprenderlo, de conocerlo, y aceptarlo. Evitando con ese conocimiento el caer de nuevo en el sufrimiento. Descubrir mi Yo y mantenerme en él independientemente del resto, en paz y sosiego. Esa era mi meta. Y después el camino se bifurcó, y me hicieron ver que no estoy solo, y que mi pretensión anterior era una huida, anclarme en el Yo que era entonces, sin ver que no era más que una opción más y una opción muy pobre. Y me di cuenta de que se puede evolucionar, que no había llegado al final del camino, sólo había empezado a recorrerlo.

Y ahora estoy fascinado por la aventura que supone descubrir nuevos Yoes, que serán nuevas capas crecidas sobre las anteriores, y cuyo resultado será más que la suma de ellas.

Esa búsqueda requiere mucha energía y valentía, y y pienso ahora que aunque se realiza en soledad y por distintos caminos, fructifica mucho más en compañia de los demás. Al fin y al cabo, ¿dónde ponemos a prueba nuestra nuevo Yo, si no es en contacto con nuestro prójimo?

A.

Electra dijo...

Yo creo que somos seres de infinitos yoes...todos por descubrir y que dependen tanto de tí como de los demás.

Y coincido contigo en que algunos de esos yoes no pueden descubrirse si no estamos con los demás.

Pero también creo que hay otros que sólo pueden descubrirse en soledad.

Y todo lo que descubras, dependerá también del riesgo que se asuma. De cuánto nos salgamos de nuestra zona de confort, de nuestra zona de comodidad. De cuánto estemos dispuestos a explorar, valorando y asumiendo las consecuencias...