domingo, 12 de diciembre de 2010

Disonancias

Siempre he estado intrigada por las disonancias. Por aquellos fenómenos que hacen que tu mente se despierte, que se asombre, que se pare. Las disonancias son uno de esos fenómenos.

A veces son imperceptibles. Pero otras veces, todo tu ser se despierta, impulsado por un resorte, al darse cuenta de una de estas disonancias.

Una de sus características principales, es que sólo se da entre la raza humana. Es decir, que sólo los seres humanos, los que presumimos de ser racionales y superiores, son los que producen disonancias.

Y a veces, se da la paradoja de que, cuanto más racional es alguien, más "disonante" se vuelve. Tiene gracia.

Y quizá, os preguntaréis, que qué es eso de las disonancias. Algo que cabe en una sola palabra y que, sin embargo, es demasiado complejo. Algo que, muchas veces, cuando las originamos, no somos conscientes de ello. A veces, tampoco lo son los demás. Los que sufren las consecuencias.

Para empezar a darse cuenta de lo disonantes que somos, tendríamos que mirarnos mucho, observarnos mucho, estudiarnos mucho. Pero mirarnos, estudiarnos y observarnos, con un punto de vista concreto. El de cazador de disonancias.

Estar atentos para ver cuando la línea de nuestro pensamiento y de nuestro discurso en el mundo, no coincide con nuestros comportamientos y nuestros hechos. Y eso, requiere mucha distancia y mucha objetividad. Y parece difícil encontrar la forma de mirarse muy dentro y a la vez, desde mucha distancia.

Parece difícil separarme de ser quien soy para observar la que estoy siendo. La que estoy siendo pensando y la que estoy siendo haciendo. Y después de observarlas a ambas, establecer si existe coherencia o disonancia.

Sería como intentar no tener dobleces, recovecos, sombras. Sería como intentar ser cristalinos y puros. Inocentes. Ingenuos.

Pero nosotros perdemos muy pronto la inocencia y la ingenuidad, sobre todo respecto a nosotros mismos. Nos llenamos de recovecos y de sombras, para tapar nuestros huecos, y eso hace que nuestro mirar no sea inocente. Eso hace que nuestro hablar no sea inocente. Y eso hace que nuestro comportamiento no sea inocente.

Y llevamos demasiado tiempo siendo tejedores de huecos y sombras, como para volvernos cazadores de nosotros mismos. Creadores de luces y sombras. ¿Cómo arrojar luz, sobre la sombra que uno mismo crea?. Parece...una pura disonancia...

Y es ahí, en esa disonancia que existe en el origen de nosotros mismos, donde encuentro la fuente de mi fascinación y mi perplejidad por este tema. ¿Cómo hacer que nosotros...podamos llegar a ser...lo opuesto a lo que somos?...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy me he visto durante unos segundos en un vídeo reciente. Y me sorprendí. ¿Quién era esa persona. Yo, sin ninguna duda. Pero... No, no puede ser... No era yo. No me reconocía aún sabiendo que era yo, que había estado en ese lugar, con esas personas, y haciendo y diciendo esas cosas. Y sin embargo, en aquel momento era otro.

No me cuadraban esas frases y maneras de mi imagen grabada, con lo que creo que son mis pensamientos e ideas. ¿Y cómo debería haberme comportado para percibirme coherentemente? Una sorpresa la de verme desde fuera y sentir que no era la persona que creo ser. ¿Una de tus disonancias, Electra? ¿Qué está ocurriendo en esos momentos? ¿Y qué es más cierto, el momento vivido o la reflexión posterior de ese momento. Esa reflexión no deja de ser otro momento vivido, tan falso o verdadero como el momento reflexionado.

Sí, es difícil, y yo diría que hasta imposible, verse a uno mismo objetivamente. Nos podemos conocer mejor, por supuesto, pero yo al menos no pretendo llegar a un conocimiento de mi persona real, porque intento que esa personalidad esté en constante evolución y confío en que vaya siempre un paso por delante de mí. Una mezcla dinámica de luces y sombras cambiantes, tinieblas cegadoras y claridades impenetrables.

Soy yo y mi sombra, y por más que corra nunca la alcanzaré. Pero seguiré persiguiéndola, porque ir tras ella me permite avanzar.

A.

Electra dijo...

Yo creo que es real todo, todo aquello de lo que tengamos conciencia. Lo vivido, lo reflexionado, lo pensado, lo soñado...
No sé si entiendo bien lo que dices en relación a que no pretendes llegar a un conocimiento de tu persona real...por estar siempre en evolución...
Me gusta eso de que seguirás persiguiendo tu sombra, porque ir tras ella te permite avanzar...pensaré sobre ello...:)
Gracias por tus comentarios, siempre interesantes.

Anónimo dijo...

No es que no quiera conocer y entender a mi persona real, es sólo que pienso que mi conciencia de ella estará siempre un paso por detrás, ya que ella cambia a cada momento. O ese es al menos mi deseo, avanzar, evolucionar. Y como en la intimidad de la materia, la observación que de nosotros podamos hacer nos modificará irremediablemente.

A.

Electra dijo...

Me parece muy interesante tu reflexión, aunque no sé si estoy de acuerdo...
...y eso me va a hacer pensar...
gracias...