domingo, 1 de abril de 2012

El nivel del mar

Nosotros somos como el mar. Unas veces en calma. Otras agitados. En tormenta. A veces caprichosos. A veces dormidos.

Lo que más llama la atención del mar es su nivel. Un nivel que se altera de forma periódica. Puede ser sutil o puede ser evidente. Un nivel que esconde grandes profundidades. Grandes misterios.

Un nivel que muestra una apariencia. Una forma de ser. Un nivel que esconde el milagro de la vida. Un nivel que se agita y que a veces engulle todo lo que tiene a su paso.

Así somos nosotros. Somos una apariencia. Una forma de ser. Lo que de verdad somos está por debajo. En nuestras profundidades, insondables. Muchas veces, incómodas.

Queremos estar en calma, pero nos agitamos bajo nuestras emociones, bajo las influencias de los otros, de las circunstancias, de nosotros mismos.

Tenemos nuestros períodos de flujo y de reflujo. Nuestros períodos de calma. Nuestros ataques de furia, de rabia, de tristeza y de llanto.

Somos tan incomprensibles como el mar. Tan misteriosos como él. O ella. Porque, ¿quién ha dicho que el mar es masculino?.

Y tan parecidos somos, como diferentes. El mar no intenta profundizar sobre sí mismo. El mar no se escudriña por dentro. No se siente amenazado por el cielo, o por la tierra. Simplemente es. Simplemente está.

Nosotros no. Nos empeñamos en rebelarnos. Nos empeñamos en no querer ser. En no querer estar. En no aceptar nuestro nivel. Nosotros queremos más. Nosotros queremos explicaciones. Nosotros queremos dominar. Aunque sólo sea dominarnos a nosotros mismos.

Escapar de nuestros flujos y reflujos. Escapar a nuestras mareas. Inventamos batiscafos de profundidad. Inventamos barcos que surcan nuestras tormentas.

Y mientras escapamos, inventamos, profundizamos, navegamos...olvidamos que, en esencia, lo único que tendríamos que hacer es...aceptar nuestro nivel...que no es otro que...el nivel del mar...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querida Electra:

Me refiero a tu comentario del escrito anterior.

Al fin has citado algo relacionado con lo divino, aunque sin margen para la controversia o la discusión, contradiciendo lo escrito en el frontispicio que da nombre a estas páginas. No volveré yo a referirme a ello, pero permíteme que exprese aquí y ahora mi parecer, por última vez.

Colijo por lo que dices que hace tiempo, quizás mucho tiempo, decidiste prescindir de una dimensión. Ojalá no suceda como pienso, pero creo en el hiperplano constituído por todas las demás dimensiones vagarás preguntando, preguntándote, buscándote, persiguiendo un equilibrio, un no se sabe qué, esquivo e inaprehensible. Quizás esa felicidad un tanto hedonista a la que se refiere tu segundo comentario. Cuando creas acercarte a la meta, comprobarás que es incompleta, insatisfactoria, efímera y volverás a empezar, en un inacabable ritornelo. ¿No llevas ya el tiempo suficiente de persecución para conjeturar que ha de haber un fallo por algún sitio?

Discrepo profundamente también en la afirmación de que podemos tardar muchas vidas en conocernos. Nos conocemos muy bien y mal sería que no fuera así, pues sólo disponemos de una vida. Para lo que sí necesitarías infinitas vidas es para hallar las respuestas que buscas en el limitado espacio al que has constreñido tu existencia.

Nunca he dicho que baste con pensar "yo soy así", como un justificante para con nosotros mismos. Menos todavía en tu caso. Lo que sí he dicho es que nuestras inclinaciones son prácticamente imposibles de alterar, aunque es posible contradecirlas y negarlas con nuestros actos, y esto supone un esfuerzo y un fin irrenunciables. Hablas de cambiarte, pero en tu escrito de ahora, el del mar (también es femenino, pues en poesía y la mayor parte de los marinos siempre se refieren a ella en femenino: "la mar", "he tenido mala mar",...)concluyes que, en esencia, lo que tendríamos que hacer es aceptarnos como somos.

Jaume Fusté dijo...

Con permiso, lo que digo es, no tiene por qué ser incompatible aceptarse y aceptar la situación con querer mejorar. Sobre la base de aceptar es posible mejorar; y sobre la base de querer mejorar ¿no es posible aceptar que no se observe ninguna mejora por ningún lado? (es broma).

Electra dijo...

Mi querido anónimo,
creo que siempre he tratado de generar más espacio para poder comprender. Dios es el último concepto que le queda al hombre para poder explicar aquello para lo que todavía no tiene respuesta. Dediqué mucho tiempo a entender el concepto de Dios, y quizá lo que rechazo sea el concepto que el hombre ha hecho de Dios. No niego que haya una dimensión espiritual, más allá de lo que podemos conocer. Creo en el misterio y en lo intangible, y en todo aquello que es invisible a nuestros ojos.

Me resulta difícil entender cómo es posible que digas que nos conocemos muy bien. Yo cada día descubro cosas nuevas de mí misma, de mi mirada sobre mí y de mi mirada sobre el mundo. Y estoy convencida de que cada día que pasa, descubriré nuevas cosas. Y si no fuera así, me sentiría decepcionada de alguna manera.

Para poder cambiar algo, hay que aceptarlo primero. Si no lo aceptamos, malamente lo podremos cambiar. Todo lo que haremos será gastar energías en vano.

Y por último, sí, sé que la mar es femenino en poesía y en el mundo de los marineros. Sin embargo, para mí, es masculino...gracias por la nota, porque es verdad que es así...

Electra dijo...

Estimado Jaume,
muchas gracias por tu comentario. Sobre la base de aceptar es posible mejorar. Si no, difícilmente...y quizá, a mí, lo que me cueste, sea precisamente lo último que dices, aceptar que no se observe ninguna mejora por ningún lado...

Jaume Fusté dijo...

Pienso que es apropiado que cueste y nos sea difícil porque el arte es difícil.