domingo, 10 de enero de 2010

La falta de una parte de mí

De repente, un día, me dí cuenta. No había nunca reparado en ello. Hasta ese día. Me dí cuenta de que me faltaba una parte de mí. Curioso. Porque hasta ese día, había vivido tranquilamente, sin necesitarla. Pero aquél día, no entiendo muy bien cómo ni por qué, me dí cuenta.

Me faltaba algo y no sabía qué era. Sólo sabía que era muy importante. Imprescindible. La falta de esa parte de mí me resultaba insoportable. Inaguantable. Y empecé a sentir un dolor inimaginable.

Me revolví y me retorcí de dolor. Lloré por darme cuenta de esa falta de mí y lloré por la parte de mí que no tenía.

Tan sumido estaba en mi dolor, que no era capaz de percibir otra cosa más allá de él. Toda mi realidad y todo mi mundo se volvió negro. El sonido del mundo se apagó y sólo me quedó un inmenso silencio. El de la pérdida. De repente, me encontré en un mundo oscuro, negro y silencioso.

Y en ese mundo oscuro, negro y silencioso...estaba yo...consciente de la falta de una parte de mí...

No sé cuánto tiempo transcurrió. No sé cuándo el dolor se hizo menos fuerte y yo pude empezar a pensar de nuevo y a decidir qué iba a hacer para encontrar esa parte de mí que me faltaba.

El problema era que no sabía qué me faltaba exactamente, por lo que tenía que empezar a buscar qué era aquello que me faltaba. Sabía que era algo sustancial, pero no sabía el qué.

Así que...empecé la búsqueda preguntando a los demás. Y...en ese preguntar, cada uno veía en mí algo que me faltaba. Para unos lo que yo tenía era lo que me faltaba para otros. Imposible averiguar nada de esa manera.

Entonces, me dediqué a buscar dentro de mí. Y dentro de mí también estaban esas dicotomías. Unos días, me faltaba algo que otros días tenía. Y viceversa. Unos días tenía algo que otros días no tenía. Aquello era un lío. Y cuanto más tiempo pasaba, aquél dolor atroz de aquél día se acercaba más y más.

Hasta que un día...volvió...y todo mi mundo se volvió otra vez oscuro, negro y silencioso...todo...por tener conciencia de la falta de una parte de mí...

2 comentarios:

David dijo...

A nadie nos falta nada, hemos nacido con todo lo que somos y en nosotros anida cada parte de nuestra existencia.
Pero cierto es que la sensación de falta es, en ocasiones, percibida. No es que haya desaparecido una parte de nuestro ser, es que la tenemos olvidada porque no queremos mirar hacia el lado en donde está. Conocemos cada rincón de nuestro cuerpo, hemos recorrido cada uno de los poros de nuestra piel, y sabemos donde reside el placer y donde reside el dolor. Pero, conocemos igual de bien cada rincón de nuestra mente? Cuando nuestro cuerpo recibe una herida la primera reacción es no querer mirar por miedo a ser cosciente de la gravedad de nuestra lesión. Con nuestra mente ocurre lo mismo, solo que mientras el cuerpo es curado la mente es abandonada, y las heridas tienen que cicatrizar solas. Pero como tenemos miedo a mirar, olvidamos toda esa parte de nuestro ser. Esa parte sigue ahí, está con nosotros, somos nosotros. Solo el miedo al dolor nos impide mirar.
Se valiente, vuelve a asomarte a esa parte de tí, el dolor ya no existe, solo queda la cicatriz como lejano recuerdo de que hubo dolor.

Vuelve a ser completamente Tu.

Electra dijo...

Gracias David.
Es un comentario muy interesante...y que da para pensar...