martes, 20 de abril de 2010

Dormida

A veces tengo la sensación de estar despierta. Pero la mayor parte de las veces, tengo la sensación de estar dormida. Quizá no sea esa la palabra que mejor describa mi forma de estar en el mundo. Pero no sé si encuentro otra mejor...

Es la sensación de no estar conectada con los demás y con la realidad. De que existe un fino y tupido velo que me encierra, que me separa de los demás, y que por mucho que yo quiera, no consigo atravesar. Y cuanto más lo deseo, más denso se vuelve, envolviéndome, enredándome entre sus invisibles brazos y yo, sin saber exactamente cómo, termino enredada, hecha un ovillo, dentro de mí misma.

Y siempre que me descubro así, otra vez más, enredada dentro de mí misma, me entristezco por las ilusiones y los deseos, que una vez más, se perdieron en ese mundo intermedio que existe, entre los demás y yo.

Muchas veces llegué a la conclusión de que la creadora de ese mundo intermedio soy yo misma, o alguna parte de mí misma, pero desconozco cuando y donde lo tejí y para qué lo hice. Y desconociendo todo eso, me siento incapaz de deshacerlo. Y entonces me gustaría ser maga, para romper con el poder de la ilusión, aquello que sin duda tejí con miedo.

Pero como la ilusión no traspasa los mundos intermedios, o al menos, el mío, invento retos que me suponen grandes hazañas, creyendo que en la superación de esos retos, me reinventaré a mí misma, y quizá, entonces, aquella parte de mí, tejedora del vacío, se apiadará de mí y deshará lo que con tanto cuidado hizo.

Pero no sirve tampoco. Y entonces, aquí estoy, tejedora de ilusiones y deseos, que se deshacen en los etéreos brazos de un mundo intermedio, dejándome a mí, dormida, acurrucada dentro de mí misma...

5 comentarios:

José dijo...

Es curioso, la mayoría de tus reflexiones hablan de una cosa que ha sido uno de los temas centrales de mi vida: todos somos universos isla, todos somos islas. Lo único que nos salva de ese sortilegio es el lenguaje y el deseo de comunicarnos con otros, aunque solo sea para decirnos unos a otros que somos presas del mismo aislamiento.
Me gusta cómo usas el término "vacío" en "tejedora del vacío". Esa idea es muy profunda. Hay dos maneras de confrontar ese vacío que todos sentimos; una es retroceder con miedo, porque siempre nos asusta lo que nos es desconocido; y la otra es hacerle frente sabiendo que en él está la potencialidad de toda creatividad. La capacidad de moldear ese vacío está en todos nosotros.
Quien no siente ese vacío cada día y la necesidad imperiosa de llenarlo, está ¿cómo se dice en inglés? "As good as dead".
Jose

Electra dijo...

Estoy de acuerdo contigo en la idea de que todos somos islas. Me gusta lo que dices de "universos isla", mucho. Sí, somos universos que nunca llegaremos a conocer. No nos miramos a nosotros mismos, no solemos tener curiosidad sana por mirar dentro. No miramos fuera, con curiosidad sana.
Nuestras miradas siempre están teñidas. De nuestra subjetividad y de nuestras intenciones y motivos. Y por esa no ausencia de intenciones y motivos...siempre seremos islas...más cercanas o más lejanas...pero siempre islas...

Anónimo dijo...

Miro al mundo desde la distancia, como si alargando la mano no lo pudiera tocar. No es una pesadilla, es solo un aturdimiento. No saber dónde estoy, si floto o no floto. Si lo que veo es visión o realidad. No, es realidad, pero yo no estoy en ella. Es como en estas películas futuristas en las que tocas una pantalla y tu mano se hunde en ella como en el mercurio, pero no hay nadie detrás de la pantalla para tirar de mí. En realidad mi mano no se hunde del todo. La pantalla no me deja pasar. ¿Lo intento realmente?. Grito, o creo que grito y no me oye nadie. Cojo mi cabeza entre mis manos y la sacudo aprieto hasta hacerme daño, pero nada cambia. Estoy aturdido, algo me tira para atrás y no me deja despertarme realmente y entrar en la realidad. Ser parte de eso que estoy viendo. Quiero salir, pero realmente no hay nada que quiera más que a mí mismo ahí a fuera, así que para qué intentar salir. Ese ovillo que soy no es más que ese dolor que tengo en el centro de mí. Me enrollo alrededor de él, como para protegerlo, o porque realmente me tortura aún. ¿Qué me llama ahí afuera, más allá de la realidad? Esa realidad que parece llamarme pero que es puro desengaño. Cuando he llegado a tocarla, nunca me he tirado a sus brazos como en las profundidades de su océano. Nunca cogí un barco sin saber a dónde iba para descubrirme a mí mismo, en el viaje, desnudo, brazos abiertos, humilde ante el gran mundo. Tengo demasiados poderes para dejarme llevar sin más, sin exigir de mí, sin estar alerta. Para que la realidad, solo la que yo deseo me despierte de mi sueño.
Y me pregunto cuál es esa mano que no me deja pasar y que sigue tejiendo esas telas de araña sin cesar, para no quitarme la vista de la realidad, y retenerme en mi propia cárcel.
Me pregunto por qué no puedo sentir el aire en mi cabello, ese que llaman sensación de libertad, ese que hincha las velas de la txalupa y que cuando cambia de dirección, como un látigo agita las velas hasta que se vuelven a llenar del aire de la vida.
Tejiendo ilusiones, ¿pero cuáles? Qué tipo de ilusiones son las mías que ni siquiera estoy dispuesto a todo por ellas. ¿A qué le llaman ilusión?, ¿a un sueño, a una quimera? o simplemente y a pesar de todo estoy suficientemente despierto y despejado como para no ser como cualquier hombre en el desierto, frente a un espejismo.
J. Walker

José dijo...

Lo de "universo isla" se lo tomé prestado a Laplace, que usó una bonita metáfora para las galaxias, que era su hipótesis sobre el origen de las luces celestes.
Tienes razón en que nuestras miradas están teñidas por nuestras intenciones. Se ve que has estudiado el Zen. No se pueden evitar las intenciones, pero creo que hay que mirarlas como una cosa más, que surge y desaparece y vuelve a surgir... y a veces produce destellos, como las galaxias.

Anónimo dijo...

Mi opinión es totalmente distinta a la de ustedes.
Yo le pondría otra palabra. "Estar desconocida", para los demás.
Es como si desconectáramos nuestro YO interior y a partir de ahí, no está hábil para el resto del mundo.
Esta es una postura bastante cómoda por parte nuestra y que nosotros mismos creamos. Es muy fácil vivir en este mundo de esta forma porque así solo tienes que conectar con el poder de tu mente, que por otra parte ya conoces de antemano.
Lo difícil es cuando tienes que abrir la ventana y mirar hacia el resto del mundo, o abrir la puerta y salir a ese mundo. Entonces son los demás los que te parecen raros.
En este caso debería ser la misma mente la que deshiciera ese entramado de cables que antes tejió y que no nos hizo ningún beneficio.
Tenemos que vivir dentro del mundo , no al lado de él.
Lo de la isla que dice José es una pura ilusión (a mi modo de ver)que sería muy bonita si el mundo fuera solo nuestro y no existiéramos más que nosotros en él. Pero por suerte o por desgracia, no son así las cosas. Mis disculpas José.
Decimos los psiques que el acto de abrir la puerta al mundo desde nuestro Yo interior, supone un enorme esfuerzo y al mismo tiempo es una gran necesidad. Supone el romper con todos los estereotipos que nos hemos creado en la mente y buscar otros nuevos. Esto lo consideramos el gran reto a alcanzar por una gran parte de la humanidad. Pero que es necesario conseguir.
No se olviden nuca de que el mundo está ahí para todos: Para nosotros también.

TAHI