domingo, 4 de abril de 2010

Prisionera

Siempre fui la perfecta prisionera. De mí misma. Me dí cuenta tarde. Hubiera querido darme cuenta antes, pero supongo, que tenía que pasar el tiempo que pasó para que pudiera darme cuenta. Yo sola.

Y en el instante en el que me dí cuenta, la realidad cambió. El mundo entero cambió. Porque yo había cambiado y mi forma de entender el mundo también. Empecé a mirar con otros ojos. Unos ojos que ya no pertenecían a una prisionera, sino a alguien que se sabía libre.

Y entonces, descubrí, que con todos los años que había empleado en luchar por mi libertad, ahora no sabía qué hacer con ella.

Ser libre era una sensación rara. Muy rara. Porque todo lo que yo conocía, de repente, había cambiado. Y con ese cambio, perdí las referencias. Perdí el norte y el sur. Perdí todo cuanto había definido mi realidad hasta aquél momento...y tenía plena libertad para establecer nuevas referencias.

Qué miedo. Qué pánico. Qué lucha interna. La prisionera que había sido estaba allí, en un rincón, riendo. Riéndose de mí. La carcelera también estaba. Y también estaba riendo. Y todas aquellas que yo había sido, múltiples variantes de mi restricción de libertad, también estaban allí. Riéndose. Miles y miles de ellas, observando y riéndose, de alguien que acababa de nacer...mi yo libre...

Y el miedo. Todas agarrándose al miedo y echándomelo encima, como una segunda piel, que me iba asfixiando, cada vez más...y la carcelera se iba acercando...hasta que la tuve a milímetros...para engullirme de nuevo...

...instintivamente, le cogí la mano, la abracé y la besé. Le dí las gracias por el trayecto que me había permitido hacer...y le dí la espalda...y sin mirar hacia atrás, encaré el miedo, la angustia, el ridículo y...toda aquella nueva realidad, sin referencias y sin guías...para empezar a construir...a la siguiente prisionera...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que el tiempo tiene que pasar para todo, sino ¿cómo vamos a aprender?. Aquello de :
"Si lo hubiera sabido antes?...
Pero antes no era su tiempo. Y tampoco es que antes estuviéramos atados a nada, ni fuera inexorable nuestro destino, sino que antes era antes y en aquel antes, las cosas eran de otra manera.
Dicen los libros que cuentan hechos históricos que todo pasa a su debido tiempo. Y también dicen los libros que relatan pasajes de La Biblia que cuando una persona hace una petición se le concederá a su debido tiempo, forma y manera.
Luego entonces tiene que pasar ese tiempo para que nos sintamos libres y en el tiempo de cada momento.
Otra cosa es que cada momento del tiempo vivamos de acuerdo con la libertad que necesita nuestra vida. Así no habrá cambios bruscos de situaciones y nuestra realidad será siempre la que queramos que sea en todo momento.
Respetando siempre la realdad de los demás, tenemos la obligación de crearnos la nuestra particular, y vivir de acuerdo con ella. Nacemos con un proyecto de libre personalidad. Nuestro deber es desarrollarla en la medida de lo posible. Y si por causas desconocidas se nos estopea, no debemos mirar hacia atrás... Tenemos la obligación de construir otra nueva.

"Si respetas la libertad de los demás y en lo posible construyes tu realidad, llegará un tiempo en el que vivir de acuedo con ella no sea una obligación, sino la mejor obra que hayas construido en tu vida. La Realidad de una Vida Nueva".

Rocío del Alba
18 Abril 2010

Anónimo dijo...

Con el tiempo y la lluvia, el aire se limpia y la visibilidad de pronto nos descubre todo lo que no podíamos ver. Es interesante hablar de los ojos de una prisionera, una mirada que tiene tantos filtros como los de los demás, que limita la visión, y que solo quiere ver lo que le es conocido y le tranquiliza. Hasta una cárcel da tranquilidad. Todo es limitado, conocido. Justo lo contrario que la libertad. En libertad la tranquilidad la tiene que llevar uno dentro de sí. Tranquilidad por tener la humildad de aceptar que uno no controla nada, no domina realmente nada. Por el deseo de dejarse fluir. Porque uno ha ido descubriendo que para no agotarse y para poder avanzar hay que saber jugar con las corrientes y las mareas. Siendo junco, siendo agua es cuando se es fuerte. Son creencias, sí. El curso del rio siempre cambia, y solo el que vive a su lado presiente cuando han cambiado los fondos. Solo el que vive a su lado conoce sus peligros y solo el que respeta al rio y al mar podrá navegar haciendo buen uso de su instinto.
Ese que respeta el ancho mar es el que le tiene miedo y a la vez es el que no puede ni quiere resistirse a su llamada. Ahí no eres tu peor enemigo, has sobrevivido y estás solo. Eso quiere decir que eres tu mejor amigo, porque aún estás aquí. Tú y el mar, tú y el agua, tú y tu libertad, tu deseada libertad. No Hay cientos de “yoes” para lanzarte el pánico y el miedo a la cara. El miedo y el pánico ya son parte de ti. Pero no son tan poderosos como el mar, ni como la libertad.
Una vez en el mar, en el barco, en libertad, uno se pregunta si elegir un destino, y qué destino elegir. Existen cientos y miles de posibilidades.
“Un buen viajero no tiene planes fijos ni está empeñado en llegar a parte alguna. Un buen artista permite que su intuición le guíe a donde quiera…”

Electra dijo...

Muchas gracias por el comentario, Rocío del Alba. Y muchas gracias a Anónimo, del que me gustaría saber más, ya que me ha gustado mucho su comentario.
Ambos dan para reflexionar, mucho y bien.
Sí, estoy de acuerdo, la intuición es la guía y sí, no hay destino fijo, no hay planes y lo hay todo, tú con el universo, sólo siendo...en comunión...y en paz...